Reportaje

El espectáculo de la narración oral en el Perú

El narrador de cuentos no es solo un personaje, sino también un oficio y aquí te contaremos su historia.


En una esquina, colgada de una puerta, una pizarra y tiza de colores anuncian “La Casona de Rick”. Dicho lugar se confundiría perfectamente con todas las viviendas que la rodean, si no fuera porque sus puertas siempre están abiertas, y que, en su cabeza, la azotea, se ha armado un pequeño teatrín.

Desde que se empieza a subir las escaleras que conducen al interior del local, percibes el aura artística y cultural, y como no, si decenas de frases de belleza poéticas acompañan tu entrada desde las paredes de la escalera.

Una vez que atraviesas los pasillos y alcanzas tu destino, ingresas a un espacio eclécticamente decorado, combinando desde obras de arte infantiles de material reciclado hasta un juego de katanas, y muchas máscaras decorativas que miran con ojos huecos desde los muros.

No falta el fulbito de mesa para los más jóvenes y el tradicional “sapo” para los mayores. Ahí los adultos conversan, entre niños que corretean y niñas que juegan con sus vestidos de princesa y sus coronas, mientras agitan sus varitas plásticas.

Arturo Ruiz en su participación en la Casona de Rick.


Seis de la tarde del 16 de septiembre, se anuncia el inicio de la función. No es cine, tampoco teatro, simplemente, es ¡El arte de narrar! Se ocupan los asientos y con tan solo un sombrero pirata y un barquito de papel se presenta el cuentista Arturo Ruiz. Desde el inicio hasta el final, su público infantil quedó anonadado con sus palabras, que narran una fantástica batalla en la selva.

Esta es la labor de los cuentistas o narradores orales, que en eventos tan simples y pequeños buscan llevar un poco de arte y cultura a todas las zonas del Perú y al mundo.

Aunque es un arte no muy sonante en tierras peruanas, sin causar revuelo, los narradores orales esparcen sus palabras, como César Villegas “Wayqui” que ya está en sus últimas paradas por Europa. En Cuba, José Héctor o simplemente Pomelapocha, quién se creó un sobrenombre para dejar un inconfundible rastro. Y de Colombia, Fabián David Ortiz, hace poco visitó el Perú con sus lindas historias.

¿Qué es el arte de narrar?

Juan Ramos Aguilar, sociólogo y docente de la 
Universidad Nacional Federico Villarreal.
La expresión oral y, más específicamente, el acto de contar historias es practicado en los cinco continentes y en ambientes culturales y sociales de todos los tipos. La cultura tradicional del Perú es y ha sido eminentemente oral desde antes de la dominancia de la escritura que llegó con la época colonial.

Según Juan Ramos Aguilar, sociólogo y docente la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Federico Villarreal, la narración satisface una doble necesidad. “El que relata tiene necesidad de expresar creencias o de afirmar ideas; mientras, que la gente lo escucha por lo agradable y lúdico.”

En la tesis “Culturas Orales y Culturas Escritas: Lectura Crítica del Debate Contemporáneo”, la investigadora Gabriela Núñez Murillo, sostiene que “la oralidad no ha perdido su fuerza, incluso parece haber aumentado dentro de la cultura popular y tiene un poder sobre el imaginario y las mentalidades populares que la escritura nunca alcanzó a tener”.

Todas las personas tenemos la capacidad para relatar una anécdota, un cuento y hasta una leyenda, pero también es cierto que en las comunidades se puede identificar a una persona por su capacidad para hacerlo de una manera especial.

Existen pocas investigaciones acerca de la narrativa oral como arte u oficio, en cambio hay numerosos estudios sobre la literatura oral que analizan el tratamiento de las narraciones orales al ser recopiladas y plasmadas por medio de la literatura, y estas investigaciones coinciden en que las narraciones orales pierden elementos esenciales que la componen, como el gesto y la voz, al ser escritas.

En el libro “La oralidad como performance”, la investigadora Virginia Zavala, escribe que “la oralidad es una práctica, una experiencia que se realiza y un evento del que se participa”.

La narración tiene un papel social diferente al de la propia literatura. Mientras que la lectura exige un ejercicio solitario de reflexión, la narración es inherentemente interactiva y vinculante entre el público y el orador.

Como también sostiene Zavala, la narración concientiza a la gente sobre lo que “es importante en la vida de la comunidad y sobre cómo elementos del mundo se conectan unos con otros”.

Esto fue lo que sucedió con Liseth Paredes, una joven trabajadora social, que empezó a asistir a talleres de narrativa oral en el 2013, para saber más acerca de este arte. A partir del 2014 se fue presentando en diferentes lugares, tanto en Lima como en provincia.

“Para mi narrar es de alguna manera, expresar ciertas cosas y compartir historias, que han impactado en ti”. Además, manifiesta que cuando incursionó en el mundo de la narrativa oral, empezó a conectarse con esa parte andina que había en ella, pues su familia, proviene de Puno.

El acto de compartir historias tiene la capacidad de trascender y atravesar las barreras de la edad, ya que una buena historia puede conectar a generaciones separadas por décadas; como abuelos y nietos. O para servir como mediador e instrumento de desahogo ante los sucesos que ni siquiera llegamos a comprender.

Como ejemplifica el trabajo de investigación dirigido por Gonzalo Portocarrero, Sacaojos: Crisis social y fantasmas coloniales. “De hecho también el hombre más moderno se enfrenta a situaciones (la muerte del otro, la frustración de los sueños) en las que la razón dice poco o nada y donde regresa al mito para buscar las certidumbres que desesperadamente necesita”.

Para el sociólogo Ramos,“la narración busca explicaciones y transmite visiones de vida, porque tanto las narraciones, como las leyendas, tienen una relación con su espacio y con su tiempo. Siempre hay una visión de perspectiva de la posición, del que emite el mensaje, que le da sentido y dirección”.


Festivales y eventos

Numerosas organizaciones realizan eventos dedicadas a la promoción de la tradición oral en nuestro país, pero pocas son reconocidas. Una de ellas es la Asociación Cultural Wasi, que, con fines netamente sociales, trata de integrar la narración oral popular con las poblaciones vulnerables a público abierto.

Con la finalidad de difundir el arte popular tradicional, propio de las regiones y de cada país, y hacer que llegue a más personas, organizan el festival “Todas las palabras, todas”.

Este festival es la reunión de diferentes exponentes de la cultura de diferentes países y de diferentes regiones del Perú y, de esta manera, trata de descentralizar la cultura, para decir que la cultura es más que Lima.

Liseth Paredes en el Teatro Vichama de Villa El Salvador participando
en el ,arco del festival Todas Las Palabras, Todas! 2017


En palabras de Fátima Cotrina Dávila, una de las gestoras del festival en su séptima edición: “la cultura del Perú es del Perú y por lo tanto está en todas las regiones, y también se enriquece con la participación de gente extranjera que trae las tradiciones del país al que pertenece, y todo mediante la narración oral o el juego con la literatura popular del país”.

La organización de estas iniciativas, también involucran algunas dificultades. De ellas el mayor impedimento es el presupuesto, que en ocasiones es inexistente, pues esta asociación no cuenta con un presupuesto fijo. Aunque, existen concursos a los que se puede postular, como Iberescena que da una financiación de más de 10 mil soles.

Fátima menciona que “como asociación tienes que buscar patrocinadores y eso es una cosa bien difícil, porque decirle a una empresa: “Vas a apoyar algo que no tiene un ingreso o que no va a tener una repercusión inmediata en tu imagen. Es un poco difícil tratar de convencerlos, pero al final, puedes encontrar alguien que te financie.”

En cuanto a la acogida del público de este tipo de eventos culturales, ella declara que depende mucho de la promoción que le hacen y de los artistas, ya que unos son más populares que otros, pero que aun así mantienen una asistencia regular.

Por otro lado, Liseth enfatiza que el arte de narrar está siendo más difundido, gracias a diferentes eventos porque ahora en Lima hay varios festivales que promueven a comparación de otros años. “También se ha visto que ya hay lugares que, de forma permanente, como la casa de la literatura, que cada semana da funciones de cuentos como en los colegios, que en el tema del plan lector usa mucho el tema de cuentacuentos”.


Vea la participación de Liseth Paredes y 
Pomelapocha en el marco del festival de
narración oral, Todas Las Palabras Todas! 2017.


El valor del narrador oral

Siendo la narración es una expresión más directa y menos elaborada que la escritura, hay una armonía especial entre el que narra y el público que lo escucha. Esta característica es especialmente valiosa para su utilización como herramienta didáctica.

“El narrador no es alguien que solamente distrae, sino que además las ilustra sobre aspectos que pueden ir desde la economía, la sociedad e incluso hasta de la política”, explicó el profesor Ramos. También menciona que el narrador tiene una escala de valores y les atribuye valores positivos o negativos a los personajes de acuerdo a su propia percepción.


“En Los Perros Hambrientos de Ciro Alegría, hay un personaje que es “El Simeón Robles”. Él es el jefe de familia y acostumbra a ilustrar a los demás a través de cuentos, mediante los cuales el afirma lo que quiere que quede en las personas. Por ejemplo, acerca de su vida, acerca del comportamiento de los esposos, acerca de la actitud frente a los patrones, etc.”, explica.


Poco a poco, paso a paso se va haciendo más conocido la narrativa oral en el Perú. En Colombia, los principales centros que reciben este arte son las universidades, según el narrador oral de Colombia, Fabián Ortiz, algo que, en nuestro país, aún falta cultivar.

Esto se demostró en una entrevista realizada a universitarios, donde se pudo comprobar que desde niños hemos sido formados por historias, pero que aún se desconoce sobre la labor de estos narradores.

El desconocimiento sobre la existencia del arte de narrar.


La narración en la educación

Liseth Paredes terminó hace unos años la carrera de trabajo social y, a ella, los cuentos la ayudaron a definir el campo al que se quería dedicar. Actualmente está orientada a la gestión cultural, el arte y la educación.

Ella ha participado en eventos en Chincha, Huancayo y Huaraz. Y también ha estado narrando en Puno y Huarochirí. Expresando sus palabras desde bares, hasta en escuelas y colegios. 

“Me gusta el tema de la educación. Trato que los niños se interesen más por la lectura, contando cuentos de autor o populares y he tenido la oportunidad de estar en varios colegios”, menciona ella.

El potencial didáctico de la narración oral es muy aprovechado para conectar con el público infantil, requiriendo especialmente al cuento para reforzar los valores.

“Una comunidad que dedique el tiempo del ocio a manifestaciones artísticas te ayuda un montón, tanto en la crianza, recreación y educación. Los cambios no se ven de aquí a mañana, pero es un proceso que funciona y desde mi carrera como trabajadora social lo he visto”, opina.

Liseth Paredes, narradora oral peruana desde el 2013.


Según un texto del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, “la narración oral se configura también como un medio de expresión y comunicación muy rico para estimular a la lectura desde la biblioteca escolar”.

Según mencionan, “El cuento o relato oral es palabra animada, libro vivo, muestra la vida que palpita tras las obras. A través de la narración oral el niño puede establecer la relación libro-autor de un modo vivo, es la recreación del texto en su presencia”

Si bien normalmente se asocia estos relatos con la formación de los niños más pequeños, los adolescentes y adultos pueden responder positivamente a estas experiencias. Todo depende de la selección de las narraciones y su relación con los intereses del público.

Respecto a la selección de historias, Liseth menciona: “Tengo un grupo de cuentitos que los he agrupado en “El zorro y el cuy”. Es una travesía que pasan los personajes. Si son público chiquito uso instrumentos y canciones, pero si son más grandes no tanto. Otro es el “la capa del armadillo” y también me gusta contar la “Madre Loca” que es un cuento para las mujeres y la gran labor que hacen como madres.”

A través del cuento el niño aprende sobre el mundo que le rodea y experimenta a través de los personajes una amplia gama de situaciones, ambientes y soluciones diferentes a las que surgen en su vida cotidiana. Además de estimular su creatividad e imaginación.

Que los niños enfrenten cuentos con conflictos que no siempre tienen el final feliz, típico de las historias comerciales, les muestra los dos lados de la realidad, mostrando lo bello sin ocultar lo feo, y les brinda pistas y sugerencias para identificar sus problemas y superarlos.

“En los cuentos populares vas viviendo el camino y el proceso por el cual, el personaje principal va encontrando sus respuestas. Un buen final no siempre va a ser feliz. Puede ser que el final no te guste, pero si ves el camino del cuento sabrás cuál es el final que se merecía”, explica Liseth Paredes, sobre las historias que prefiere narrar.

A pesar, de que la narración oral contribuye en todos sus sentidos a la educación, Liseth nos cuenta que todavía hay algunos que no saben valorar sino desvalorizar el trabajo del narrador oral. Asimismo, el narrador oral de Cuba, José Héctor Pomelapocha, nos cuenta que esto también ocurre en su país ya que piensan que un cuentacuentos no está a la altura de un artista.


Desvalorización del trabajo como narrador oral.

Por eso, José Héctor Pomelapocha, “El cuentacuentos de Cuba”, nos explica que a pesar de todo uno nunca debe perder la humildad y que hay cualidades que un buen un narrador oral debe poseer para prevalecer como cuentacuentos.

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Además, debido a su experiencia nos cuenta que sus principales motivaciones para seguir viajando por Uruguay, Argentina, Perú y otros países, es porque la sola idea de transmitir sentimientos, como el dolor, la tristeza, la felicidad y la dignidad humana le da una satisfacción tremenda en su vida.

Por eso, debemos dejar que el cuento encuentre su camino y que las historias propias viajen y sean escuchadas, porque el arte de narrar permite socializar a los niños, jóvenes adultos y ancianos.


Referencias:

Mato, D. (1990). El arte de narrar y la noción de literatura oral. Venezuela: Universidad Central de Venezuela. Recuperado el 27 de noviembre del 2017, de https://books.google.com.pe/books?hl=es&lr=&id=7BJd9Epl99YC&oi=fnd&pg=PA7&dq=el+cuento+oral+sociedad&ots=zn9PFnNlwX&sig=2qe_b7G0QQqdW9mpzBoHYCiZFsY#v=onepage&q=el%20cuento%20oral%20sociedad&f=false

Zavala, V. (2006). La oralidad como performance: un análisis de géneros discursivos andinos desde una perspectiva sociolingüísticaRevistas.pucp.edu.pe. Recuperado el 27 de noviembre del 2017, de http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/boletinira/article/view/1949/1880

Núñez Murillo, G. (2011). Culturas orales y culturas escritas: lectura crítica del debate contemporáneoTesis.pucp.edu.pe. Recuperado el 28 de noviembre del 2017, de http://tesis.pucp.edu.pe/repositorio/handle/123456789/79

Animar a leer desde la oralidad. Importancia de la expresión oral. Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación de Profesorado. Recuperado de http://www.ite.educacion.es/formacion/materiales/8/cd_2013/m4_3/animar_a_leer_desde_la_oralidad_importancia_de_la_expresin_oral.html

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